Ciampino y el hotel fantasma
Sunday, April 29th, 2007Tras una corta espera en el aeropuerto, que nos sirvió para conocer los sabores de Fanta locales, salimos a buscar el parking de Hertz, teóricamente cercano al aeropuerto. Nada mas salir vemos un par de furgonetas de los Carabinieri (AKA Guardia Civil) cortando una calle. Presentan un aspecto bastante gracioso. Alguna gente se empeña en que en los peculiares vehículos pone Cabroneri, mientras uno de los agentes les mira con cara de cabreo. Tras un pequeño paseo por algo que parece la antigua Vega de Granada, aunque algunos se empeñaban en compararlo con Almuñécar, llegamos al parking donde nos esperan los coches.
El profesor avista su coche nada mas entrar. Lo abre, y el sector cani, acompañado del sector góticas-malignas se apresura a entrar. Con esa ocupación en 4 de las 6 plazas, y con un fumador crónico como conductor en una de ellas, mi cerebro reacciona rápido y antes de que ellos hubieran abierto la primera puerta ya me encontraba buscando el otro coche, que para colmo era mas espacioso, potente y confortable, lo que marcaria la envidia de los ocupantes del primer vehículo durante todo el viaje, con intentos fallidos de usurpación. Para colocar las maletas se recurrió a la persona que mas horas de tetris tenia encima. Tardé 10 minutos en colocar todas las maletas, para lo cual tuve que plegar uno de los 7 asientos, transoformando el sexto en un espacio agobiante, también llamado perrera. Por suerte una chica decidió que su estatus autoimpuesto de perra le daba derecho a ese asiento, y los demas tan felices.
Como conductor tenemos una de esas profesoras de Inglés que se sacaron el título en la tómbola de la feria. Además está un poco empanada. De su bolso saca un nuevo juguete. Se lo ha comprado sin tener ni puta idea de utilizarlo. En el otro coche llevan otro. Cabronazos, que mal repartido está el mundo. Abro el TomTom5 con mapas de Europa, todo con licencia original-que-te-cagas. ARGH. Le indico la dirección del hotel, y nos lanzamos a la aventura por Roma, no sin antes sufrir la toma de contacto de la conductora con un coche de esta década, tardando 20 minutos en comprobar el funcionamiento del freno de mano electrónico, por ejemplo.
La profesora protesta por que no oye al guía del PDA. Le subo la voz. Cuando le subo la voz protesta por que la oye pero no la entiende. El mierda-altavoz distorsiona. Mi cerebro piensa algo para conectarlo al audio del coche, pero no tengo los recursos suficientes allí. Total, que me toca hacer de amplificador vocal al puto GPS. El maravilloso chip Sirf 3 recibe a duras penas desde el cristal del salpicadero, y se ve que el tio del Corte Inglés no les intentó encasquetar una antena externa, que habría venido de putísima madre ahora. Como consecuencia, el Tomtom se va por los cerros de úbeda cuando le da la gana. Conseguimos llegar al supuesto hotel, pero allí solo hay un descampado y lo que parece la sede de Ericsson Italia. Tras dar cientos de vueltas por la misma calle, lo encontramos al fin. Hotel Arcadia. Llegamos con el cansancio del viaje. Un recepcionista de aspecto gracioso nos da las llaves de la habitación previa entrega del pasaporte. Como era de esperar, a mi me toca con el otro chico. Pero se nos había olvidado que a última hora se incorporó el sector cani. Y nos dicen que estamos en una cuádruple. Genial.
Próximo capítulo: “This is war”.