1up.

Espero que el señor Hedu me permita plagiarle el post, pero como usa Creative Commons y ya le he mencionado se tiene que joder. Bueno, no, por que voy a modificarlo y no permite derivados… en fin, que le jodan a la licencia.

Pensaba escribir un post así por mi mismo, pero ya es demasiado tarde. Mi creatividad literaria ha fallecido.

Oh, no. Hoy he cumplido los catorce dieciséis años. Esto significa una extensa lista de cosas con granos que pueden resumirse en dos palabras: puñetera adolescencia.

Por supuesto, tendré que comenzar a realizar con asiduidad una serie de actividades acordes con mi edad; para empezar, este blog será automáticamente sustituido por un espacio en MSN Spaces. Además, empezaré a escribir dE eStA mAnErA, y el espacio en el que la voz de la razón dicta que debería haber texto estará a partir de ahora ocupado por una sobredosis de emoticonos inconexos que no entrañarán significado alguno. Y todo en colorines.

Los sábados por la noche, al botellón de cabeza, a fortalecer las relaciones humanas y a beber como un cosaco; ah, y, cómo no, contestar a todo el mundo de la peor manera imaginable, como forma de declarar ante la Humanidad que tengo catorce años. Olvidaré a Nietzsche y a Siniestro y me rendiré ante el reggaeton, o como leches se escriba, y dejaré que la música monocorde se interne en las profundidades cavernosas de mi cerebro para convencerme de múltiples mensajes subliminales.

Del mismo modo en que estarán escritas las entradas en mi espacio lo estarán los mensajes en cadena que os enviaré diariamente, conteniendo todos ellos útiles tests para saber si tu amada te quiere o te considera un plasta; y, por supuesto, también recibiréis estos tests en vuestras conversaciones conmigo por el Messenger, en las que os obsequiaré con dosis de sabiduría tan memorables como ésta, transcrita aquí desde el idioma de las mayúsculas y las minúsculas indiferentemente:

¿Qué opinas sobre mí? 1. Me quieres como amigo; 2. Me quieres como mascota; 3. Me amas con locura; 4. Me harías proposiciones indecentes; 5. Jugarías conmigo al pádel en una tarde de sol.

Oh, y las chicas. Oír a Woody Allen tartamudeando dentro de mi cabeza cada vez que una me dirige la palabra. Conocerlas. Amarlas. No poder dejar de pensar en fornicar. Que yo, en el fondo y aunque no lo parezca, también dejo aflorar a veces mis instintos románticos, oiga.

Dejo todo aquello que implique una aceptación del hecho de que, tío, te vas a hacer mayor; dejo el interés por el conocimiento y lo sustituyo por el estudio resignado y la memorización de libros de texto como quien no quiere la cosa; dejo mis intereses a niveles subatómicos en favor del consumo de calimocho; dejo los ñus y los pingüinos las manzanas; dejo las Letras, y dejaría las Ciencias si por ahí fueran los tiros: yo quiero ser estrella del pop; dejo el esnobismo de parecer como que sé algo y lo sé porque quiero.

Abandono el arte; no crearé: consumiré o, a lo sumo, redistribuiré lo ingenioso o tierno que me llegue, sin luchar ni tan siquiera plantearme mi derecho a hacerlo. No escucharé nada que no resuene en los locales abarrotados, no veré nada que no me vigile desde los carteles, no pasará por mi cabeza la opción de no unirme a la masa borrega. Oh, ya siento las hormonas circulando por mis venas; me quejo de todo pero, en el fondo, me siento feliz. Qué bien. Acaba lo malo. Y empieza lo peor.

Ah, y gracias a las cinco personas que me han felicitado, sin contar foros.